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La asertividad y el conflicto

El conflicto, aunque desagradable, es una parte inevitable de nuestras vidas.

Conflicto interno con nosotros mismos, conflictos con tu entorno, conflictos con otras personas.

Hoy me centrare exclusivamente en el conflicto interpersonal, pues abordar todas las formas de conflicto necesitaría un libro propiamente dicho, y no solo un par de páginas.

A no ser que pases tus días recluido en soledad y sin conectar con nadie a través del teléfono e internet, en conflicto interpersonal es inevitable, y su frecuencia se incrementa a medida que se incrementan las relaciones sociales.

Si vas a clase, mas tarde o más temprano tendrás conflictos con tus compañeros.

Si vas a trabajar a una empresa, tendrás conflictos con otros trabajadores.

Incluso en entornos cercanos y con personas queridas, como familia o amistades, algún conflicto ocasional es inevitable, y tan natural como el respirar.

Nuestros cerebros buscan continuamente la serotonina y la oxitocina conseguida en interacciones sociales exitosas, y activa una respuesta instintiva de peligro ante los desplantes y amenazas percibidos, bien sean reales o simplemente imaginados.

Cuando a tus ojos haces algo que te hace quedar bien, te aporte reconocimiento, te ayude a lidiar con tu situación actual, o cause una impresión positiva en los demás (hacerles reír con una historia entretenida, contar algo interesante, pasar un rato entretenido en una situación anodina, etc.) tu cerebro libera serotonina (interacción o importancia social, la ausencia provoca sentimientos de soledad y depresión) y oxitocina (vínculos emocionales).

Esto te provoca un sentimiento de bienestar que te impulsara a repetir ese tipo de conducta más a menudo, pero…. ¿Qué sucede cuando es al revés?

Alguien dice algo que te hace quedar mal, alguien se enfada por algo que has dicho (o por lo que ha creído interpretar que has dicho. O Simplemente, incluso sin hacer nada mal, algo en tu forma de vestir, actuar u opinar les hace sentirse incómodos o amenazados.

“¿De ese partido político? ¡Pero si son todos unos ladrones!”

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Dichas situaciones generan cortisol, la hormona del estrés. Lo que contribuirá a que la próxima vez que te encuentres con dicha persona o en una situación similar te pongas nervios@ o trates de evitar la encrucijada.

Por eso las relaciones sociales son una dicotomía. Son necesarias para una adecuada salud mental, y pueden suponer una gran fuente de alegría y bienestar, pero también pueden convertirse en una importante fuente de quebraderos de cabeza.

Hay mucha gente que, bien sea por problemas de autoestima, por tener un ego demasiado grande o por sentir que su puesto en un grupo/empresa está amenazado puede tener una fuerte predisposición a reaccionar negativamente a lo que hagas o digas.

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La sumisión

Hay gente que se ve naturalmente inclinada a evitar todo tipo de conflictos, aunque eso signifique renunciar a cosas que no tendría por que renunciar, cargar con trabajos o responsabilidades que no le correspondan, aceptar como verdad cosas que no lo son, o marcharse de lugares de donde no quiere irse.

Esta es gente que, bien sea por tener malas experiencias con conflictos en el pasado, porque no quieren parecer “el malo”, o por cualquier otra auto justificación, emplean la sumisión para escapar de un conflicto presente.

No quiero que se me malinterprete, no todas las batallas merecen ser libradas, pero si cultivas la sumisión, cada vez te resultara más difícil defender lo que te corresponde. En lugar de evitar conflictos, lo que promueves es que se te vea como a alguien débil y la misma persona (y otras del mismo entorno) busquen conflicto contigo porque saben que ganaran, bien sea para conseguir algo, o simplemente por el subidón de imponerse a alguien. Amén de que cada vez se sentirán mas nervios y miedo ante los conflictos, resultando cada vez más difícil mostrarse asertivo ante ellos.

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La agresividad

Otras personas tienen una mecha muy corta y estallan en cuanto surge cualquier desavenencia o malentendido. A estas personas les falta el tiempo para ponerse a dar chillos, a hacer movimientos agresivos y a repartir amenazas como si fuesen caramelos.

Ni que decir tiene, esto también es una conducta bastante toxica, ya que no solo no te granjeara ninguna amistad (si acaso, enemigos) sino que tampoco te hace ningún bien psicológicamente pensar que todo el mundo está en tu contra siempre o que todos tus problemas son siempre debidos a los demás y que tu lo haces todo bien siempre. Esto va a generar un montón de frustración al ver que los demás “siguen metiendo la pata” y “haciendo que tu vida vaya mal”

No puedes cambiar a los demás, pero puedes cambiarte a ti mismo. Si tienes un problema con alguien, párate y analízalo cuidadosamente, a veces tendrán la culpa los demás, otras tu mism@, pero con mucha frecuencia, será un poco culpa de los dos.

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La asertividad

La virtud, como casi siempre, está en el término medio.

La asertividad es la habilidad para expresar nuestras ideas opiniones, necesidades o sentimientos sin caer ni en la agresividad ni en la pasividad.

Si alguien se te cuela en la cola del súper, la sumisión seria mirarle mal pero no hacer nada y aguantarte, y la agresividad gritarle y montarle una escena, la asertividad seria simplemente expresarlo y recuperar tu sitio.

“Te has equivocado, la cola está detrás de mí, no delante”

Recuperas tu sitio, y punto, no hay necesidad de convertirlo en una guerra absoluta, ni de conformarte con la micro agresión.

El conflicto, como las especias, debe ser usado siempre en moderación.

Esto es más fácil de decir que de hacer, puesto que la mayoría de las personas, por su carácter y experiencias pasadas se habitúan a uno de los dos extremos y tienden a ir con él.

Además ciertas circunstancias pueden modificar tu estado de ánimo y modo de afrontar los problemas. Una baja autoestima o una racha depresiva pueden empujarte más a la sumisión, aunque no sea lo normal en ti, y una sobrecarga de trabajo, una falta de sueño acusada o un día muy estresante puede empujarte a la agresividad.

Hasta cierto punto, es normal. Somos personas, tenemos días, no funcionamos como un reloj.

Pero es importante ser asertivo en el día a día, aunque haya excepciones.

Tendrás una mejor vida tú. Tendrán una mejor vida los demás.

Mejoraras el entorno al hablar las cosas y contribuirás a que la gente más apocada aprenda a expresar lo que piensa y a que la gente agresiva vea de primera mano que hay límites que no se pueden propasar.

Esto es más fácil cuando tienes un objetivo claro antes de empezar a hablar (en el caso anterior, recuperar tu sitio en la cola). Nunca empieces un conflicto hablando por hablar sin saber que vas a decir, pues es una receta cuasi segura para el desastre.

Y tu….

¿A que eres más propens@? ¿Estas satisfech@ con tu nivel de asertividad en el día a día?

Algo que debiese ser la norma es francamente raro de encontrar, en mi experiencia personal.

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